miércoles, 25 de marzo de 2009

La batalla de Cannas


realmente fue una buena contienda, cómo un enemigo a ultranza del imperio romano enseñó más que cualquier senador de su época. Los buenos enemigos generan muchos conocimientos.

Fue la batalla de Cannas de las que se estudian en los libros, cómo consiguió inutilizar a los soldados romanos al replegar el centro mientras con los flancos se realizaba una maniobra envolvente, y la caballería corría hacia la retaguardia enemiga, de forma que los enemigos se estorbaran unos a otros a la hora de luchar, y que sólo hubiera una línea de combatientes que pudiera hacerlo.

Ya demostró Hannibal su maestría en un viaje hacia la península itálica lleno de vicisitudes, y de lo que hablan que rompieron las piedras en el paso de los Alpes con vino caliente, hizo alianzas con las tribus allí asentadas y sin embargo no tomó Roma.

La única lectura que puede extraerse es que, pese a que su padre le hizo jurar odio eterno a aquella ciudad, aquel odio se transformó en respeto. Hannibal supondría que era del todo punto imposible tomar la ciudad eterna, lo cual consiguió el punto del subconsciente necesario para que Roma se rearmara y enviara un ejército a las mismas puertas de Cartago. No considerara conveniente o suficientemente pertrechado su ejército para enfrentarse al enemigo. Y fue Hannibal quien acabó sus días escondido y finalmente se suicidara para evitar caer en manos enemigas. En un alarde de ucronía sería curioso observar qué hubiera sucedido si realmente Hannibal hubiera tomado Roma, si sólo se hubiera tratado de un saqueo más al igual que el de los bárbaros, o si por el contrario hubiera cambiado la faz del imperio que dominó la tierra durante varios siglos.

sábado, 14 de febrero de 2009

REALIDAD Y FICCIÓN

¿Qué es la realidad?, mi realidad o la tuya, no existe “nuestra realidad”. Subjetividades individuales que nosotros sumamos, que ponemos en común a fuerza de pequeñas concesiones, como por ejemplo ¿qué color es ese? existen millones de tonalidades, pero realmente es un “azul” o un “rojo” y según con quien hablemos.
Para todas estas cosas el lenguaje se nos queda pequeño, obsoleto. Aunque es un edificio mutuo entre lenguaje y pensamiento, pensamiento y lenguaje, donde los pensamientos se van modelando a fuerza de palabras. Nuestros pensamientos se encuentran constreñidos en palabras, que debemos acompañar de contextos, de gestos, de caras…
La aparente sencillez del lenguaje es precio que corremos por la comunicación con el prójimo.

jueves, 22 de enero de 2009

LA CONFIANZA


Se fue enero, o casi. El euríbor está bajando a marchas forzadas, afortunadamente. El paro en Andalucía según los analistas de Unicaja puede llegar al 23% de la población activa a finales de año – un millón de parados -, o sea, uno de cada cinco andaluces en edad de trabajar no encontrará trabajo. ¡Virgencita, que me quede como estoy!.
Pues resulta que la Unión Europea ha desautorizado las palabras de Solbes, y la recuperación económica puede que comience a principios de 2010 y no a mediados de 2009. Según la UE, seremos los últimos en comenzar la recuperación económica. Con estos pronósticos se le quita a uno las ganas de todo. No es extraño que escuchando estas cosas la gente no consuma, por tanto no se dinamice el mercado pese a que Sebastián nos diga que consumamos productos españoles.
Por cierto ¿se han parado a pensar en qué se basa la economía?, no se basa en complicados mecanismos, siquiera en tecnología punta. Es sólo la CONFIANZA. Usted y yo solemos primero confiar en que nuestra moneda vale algo. Y desde los años 20 se abandonó el patrón de cambios oro – es decir, que la moneda se respaldaba desde los bancos centrales con una cantidad en oro, y era convertible. Pero debido a la gran cantidad de moneda que se puso en circulación tras la I Guerra Mundial se abandonó ese patrón. Entonces nuestra moneda ¿qué vale? Pues básicamente el valor lo determinamos en las relaciones diarias.
Las relaciones comerciales se basan en la confianza. Cuando esta confianza flaquea la gente se asusta y deja de mover su dinero. Y cierto es que vivimos tiempo difíciles, pero tampoco ayuda que la televisión machaque hasta la extenuación con la crisis económica. La crisis económica es una crisis de confianza.Si la elección de Obama sirve para devolver la ilusión y esa confianza perdida al mundo, bienvenido sea.

sábado, 10 de enero de 2009

LA GENERACIÓN DE LA CRISIS. LA CRISIS DE UNA GENERACIÓN


Es curioso lo que sucede con nuestra generación. Somos aparentemente hijos de un “baby boom”, por lo tanto somos muchos. La publicidad nos ha descubierto hace relativamente poco tiempo. Saben que somos una generación imbuida de la televisión. Así que la publicidad que nos dirigen están llenas de guiños a nuestra infancia: Chanquete y la Abeja Maya, por citar algunos. Quizá porque saben que los sueños de la infancia rara vez se cumplen, para que nos sintamos felices recordando, sin plantearnos el mundo en el que vivimos.
Los contratos actuales también son una maravilla: tenemos por ejemplo la obra o servicio, que posibilita al empleador a despedir en cualquier momento. O trabajar sin contrato, o dejar parado el tiempo justo para no hacer fijo. Al incrementar la masa laboral se ha conseguido que se incremente la demanda de trabajo, y con ello se rebajen los salarios medios, ya que por la escasez de mano de obra se hubiera conseguido incrementar estos salarios.
Por otra parte, si bien es cierto que hoy día es más barato comprar cualquier bien de consumo – ropa, electrodomésticos – tenemos la “gran suerte” de que las viviendas se han disparado. Sólo tenemos que ver qué ha sucedido con los plazos de las hipotecas en los últimos años, o a alguien se le escapa que el mercado hipotecario antiguo se movía en torno a los 10-15 años – nuestro padres – para terminar en los 35 ó 40 años en los últimos tiempos, incluso alguna entidad ofrecía 50 años. siguiente con la guasa ¿para cuándo una hipoteca hereditaria?. El plazo para la compra de los coches también se ha incrementado hasta los 7 u 8 años. Claro exponente de la falta de medios de las economías para atender estos pagos, que por otra parte son los pagos más importantes en una economía doméstica.
Cuando se nos ocurrió comprar una vivienda, resulta que los precios de éstas se habían incrementado durante más de una década, por lo tanto los precios estaban completamente hinchados, pero ¡qué diablos! estamos hablando de tu vivienda habitual y había que comprarla, y no de esos especuladores que de manera artificial han conseguido que tener una vivienda sea algo de lujo. Pero resulta que con esos tipos tan bajos y la bonanza económica, a todo el mundo le dio por invertir en ladrillos.
Pero no contenta la economía con eso, resulta que llevamos cuatro años de subidas del euríbor – del 2,20 a finales de 2004 al 5,38 en noviembre de 2008 -, y por ende del IRPH y del BPT y de cualquier índice que se utilice para el cálculo de hipotecas o préstamos. Esas subidas, que eran totalmente inesperadas, han conseguido que las economías domésticas que ya de por sí se hallaban completamente endeudadas, por esos famosos coches y viviendas que comentamos arriba, y que suponen un porcentaje obscenamente importante de la nómina mensual, han desestabilizado nuestros cálculos. Súmenle la precariedad laboral actual, el que los cálculos cuando compras una vivienda se hacen “al límite”, que en aquel momento las economías domésticas no tenían dinero ahorrado pero igualmente compraron su vivienda… Una estimación de volver a la situación de antes de la crisis, mínimo de diez años.
Comparemos que por fin se ha “conseguido” que una generación empeore su estatus económico respecto de sus padres. Intentemos aguantar este año sin hacer grandes cosas.
Aunque en unos años todo esto se habrá olvidado y volveremos a lo mismo.

viernes, 26 de diciembre de 2008

CASAS A LA MALICIA

Por cierto, lo de las casas a la malicia es algo curioso en Madrid. Resulta que los habitantes de Madrid tenían obligación de acoger a los funcionarios reales de la Corte española en sus viviendas siempre que éstas tuvieran dos plantas – siglos XVI a XVIII, iniciándose con Felipe II – cediendo la mitad de la superficie de la misma y siempre que las características de ésta lo permitieran. Pues resulta que a los habitantes de la capital esto no les hacía mucha gracia, así que se las ingeniaban para que o bien la segunda planta se disimulara de cara al exterior, y sólo tuviera unos pequeños ventanucos, o bien escondiendo ciertas habitaciones, construyendo entreplantas o con ventanas a distintas alturas. Puesto que al establecerse la Corte de manera permanente en Madrid, debía de ser algo normal en la capital.

LOS RECUERDOS DE MADRID


Sé que Madrid es como cualquier otra ciudad, pero los recuerdos de la gran ciudad tienen carácter agridulce para mí:

- Un padre y un hijo esperando con el carro de la compra junto al Supermercado del piso donde vivía. Eran pasadas las 10 de la noche, así que el supermercado estaba cerrado, ambos se encontraban sentados en el escalón del edificio, y yo me preguntaba el por qué de aquella espera – mi calle no era céntrica, y en la gran ciudad aprendes a desconfiar de todo -. Hasta que por fin salió uno de los empleados con el contenedor de basura. Sin prisa, se levantaron y comenzaron a buscar en su particular “compra” en el contenedor del supermercado, y a guardarlo en su carrito. Son “las tres velocidades” de la gran ciudad
- Considero que la calidad de vida de una ciudad se mide por la cantidad de ancianos y jubilados que se ven por las calles. Si hay muchos ancianos por la calle es una ciudad “amigable”, puesto que cuando nos hacemos mayores cada vez nos es más difícil la gran ciudad. En Madrid veía a los ancianos en batín, asomados a las ventanas, día tras día, hasta que me dí cuenta que quien los miraba era yo, en batín, tras otra ventana idéntica.
- en Madrid raramente nieva. Recién llegado y buscando el alquiler me nevó encima. Es algo curioso ver todo blanco, para alguien que es de secano, al estilo de un Paco Martínez Soria que se suelta en pleno centro de negocios madrileño. Confiere a la ciudad un tono agrisado uniforme. El frío era muy intenso.
- En broma siempre comentaba que Madrid estaba “hueco”. Me llamó la atención la cantidad de túneles para el tráfico en la misma ciudad, para los trenes y para el metro. Incluso yendo por los túneles y desviarte en un garaje subterráneo, o deambular por las calles subterráneas a imagen y semejanza de las exteriores.
- Me encantó los paseos por el centro. Siempre abarrotado de gente, de músicos, publicidad, espectáculos. Allí fui a mi primer musical, a mis años. Es algo que normalmente no habría hecho nunca, pero francamente me encantó. Fueron cuatro horas que se me hicieron cortas, y curiosamente fui en Navidad. Y los museos de Madrid me encantaron, sobre todo el arqueológico, el Prado y el Thyssen. Pasear por las calles más “in” como Fuencarral con su mercado herido de muerte y Hortaleza, o Malasaña y sus restaurantes Fashion. O por la avenida en plena feria del libro antiguo, o Reyes en la plaza de Cibeles. Y los fines de semana pasear al tímido sol de la tarde.